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viernes, 30 de septiembre de 2016

8 principales quejas sobre los jefes

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La mayoría de los empleados se siente inconforme con el desempeño de sus jefes. Pero, ¿a qué se debe esto?

Una encuesta realizada por Interact revelo que 9 de cada 10 empleados considera que hay un gran problema de comunicación con sus jefes. Además, entre los principales defectos de los jefes según los empleados, se encuentran el micromanaging – la tendencia a querer controlarlo todo -, no involucrarse en los procesos, el narcisismo y la indecisión. ¿Bastante alentador, no?



Estas son las principales quejas de los empleados sobre sus jefes. ¿Estás a salvo de ellas?

“No se involucran en los procesos”
Puede suceder que algunos jefes no conozcan los procedimientos necesarios para alcanzar un resultado y por ello les resulta fácil exigir una gran cantidad de trabajo. Peor aún, no hacen nada mientras todo se resuelve. No hay nada más frustrante que eso, ¿no?

“No reconocen el esfuerzo”
Siendo sinceros, si lo hay. Un jefe que no se da cuenta de las contribuciones de cada empleado – o no se las hace saber – termina desmotivándolos.

“Siempre quiere tener la razón”
Si un jefe no es capaz de aceptar críticas y sugerencias, lo más seguro es que logre que sus empleados se abstengan de proponer ideas y de ser proactivos

“No comparten información relevante”
Algunos jefes suelen tratar las decisiones importantes como un secreto. ¿Por qué?. La razón es que suelen subestimar a sus empleados y por ello evitan tratar los temas de manera abierta y honesta. Si no hicieran esto, se ganarían el respeto y confianza de sus trabajadores.

“No hay retroalimentación”
Es necesario que los jefes den una retroalimentación continua a sus empleados para saber si van por un buen camino o si hay aspectos que deben mejorar.

“No reconoce sus errores”
Reconoce cuando tengas fallas. Todos somos humano y cometemos errores, esto no te hará ver más débil ni carente de poder, sino todo lo contrario.

“No saber los nombres”
Puede parecer una nimiedad pero créelo: reconocerlos y saber su nombre hace toda la diferencia.

“Solo se interesa por los resultados”

Enfocarse demasiado en los logros sin preocuparse por la experiencia de los empleados puede resultar bastante perjudicial. Hay que tenerlos en cuenta, pero también los medios para llegar a ellos.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Cinco tips para que las quejas sean un éxito laboral

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Conozca además cuáles son las diferencias entre los ‘quejones crónicos’ y los ‘yo crítico’. Si una queja está bien comunicada, persigue un objetivo concreto, puede significar un estímulo profesional para el trabajador.

Quejarse está, en general, mal visto. Sin embargo, en el trabajo puede convertirse en un éxito profesional. La importancia del ‘cómo’ es básica si no queremos ser vistos como un ‘quejica crónico’.



“Si su queja se debe a que intenta mejorar su productividad o la de su empresa, es probable que, si sabe plantearla, sea bien recibida”, afirma Eva Rimbau, profesora de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC).

“El trabajador debe ser asertivo si quiere que sus quejas se tengan en cuenta”, añade Gina Aran, profesora del máster de Dirección y gestión de recursos humanos de la UOC.

Ambas expertas aseguran que para la empresa, una queja puede ser un indicador de que hay algo que no funciona bien y, en este sentido, podría ser útil pero también puede ser conflictivo.

“Hay que practicar la ‘queja sana’, hacer observaciones o sugerencias que puedan ser bienvenidas”, explica Aran. “Tiene que centrarse en hechos perjudiciales para la productividad y mostrar en todo momento una actitud profesional”, añade Rimbau.

Según las profesoras de la UOC, si una queja está bien comunicada, persigue un objetivo concreto, para el propio beneficio del trabajador o de todo el equipo, puede significar un estímulo profesional para el trabajador.

Cinco consejos para ‘quejarse bien’

Para Aran, hay que tener presentes estas estrategias para tener éxito cuando nos quejamos:

1. Buscar el momento idóneo: lo ideal es concertar una hora de encuentro o de entrega.

2. Hacer la queja por escrito reduce el componente emocional y la convierte en más objetiva y comprensible.

3. Mantener el autocontrol si se hace en persona: pensar en la situación como algo que hay que cambiar a mejor y no como una agresión o un ataque a los demás.

4. Describir la situación y las consecuencias negativas que nos ocasiona y, de rebote, ocasiona al equipo y a la empresa.

5. Proponer alternativas de solución, sin exigir y procurando empatizar.


“Si la sugerencia cae en saco roto, no hay que insistir más; se puede correr el riesgo de ser considerado conflictivo”, alerta Rimbau. Las quejas que son aceptables son aquellas que reclaman algo derivado de un acuerdo roto o de un compromiso”, añade.

Los quejones

Según Aran, hay varios tipos de gruñones:

Quejones crónicos: “Comunican sus quejas de modo que alteran el clima laboral y la capacidad de concentración del resto de trabajadores, y eso afecta a la productividad”. Lo hacen de modo que cualquier cosa es susceptible de crítica y buscan aliados, “se quejan de forma reiterada y eso se convierte en un hábito”.

Yo crítico: aquel que lo critica todo, que se queja y que siempre está disconforme. “Es un perfil completamente reconducible: hay que implicarlo en un proyecto del que pueda ser responsable”, concluye Aran.

En resumen, busquen construir y no destruir. Todo bache se puede saltar o mejor aún, se puede aslfatar, trabajen en equipo y busquen soluciones precisas que le den en la llaga a la problemática. Encuentren el momento preciso y elijan las palabras adecuadas para comunicarse.
 

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